martes, 18 de agosto de 2026

Reflexiones sobre el ser a partir de “El Hobbit”


¿Quién eres?, ¿un Bolsón?, ¿un Tuk?, ¿una espléndida mezcla de ambos? Un hogareño y un aventurero no parecen poder combinar, algo no suena bien. ¿O sí?


¿Quién eres? ¿Thorin escudo de roble?, el que abraza el legado de su pueblo, su rabia por lo arrebatado, su sed de venganza, de justicia y se asume como el encargado de, si es necesario, dar la vida para devolverle a su historia lo que se le despojó, para recuperar su sentido de dignidad. 


O, ¿quién eres?, ¿acaso un "enano cualquiera", que recuerda el reino perdido de Erebor, con nostalgia, tristeza y resignación, adaptado a las nuevas condiciones de la vida, sin intención de movilizarse para restaurar su hogar, su reino? ¿Qué pienso de esto?, elegir este papel en la historia,  ¿es acaso ser despreciable?, ¿ser un “hogareño”, dedicado a pensar la vida, al orden, a la quietud de la comarca, al cultivo de la sabiduría desde el escritorio, a la alimentación saludable, es acaso similar a ser un “enano cualquiera”, resignado a ver su patria hecho pedazos, ocupada por Smaug?


Ser "hogareño", pasivo, adaptado, pensador desde el escritorio, ¿es igual a ser despreciable?


Ser Thorin, escudo de roble, aventurero, justiciero, luchador incansable, capaz de jugárselo todo, ¿es igual a ser digno de respeto y admiración?


¿Son acaso estas preguntas los derroteros en los que se debate mi vida?


Y una sola respuesta me surge…: El Hobbit fue lo que fue en el momento que debía ser, fue hogareño, construyó un mundo habitable para él, envidiable por cierto,  y luego, solo luego, en el momento que fue llamado y así lo eligió, encontró una aventura que implicaba jugarse el pellejo y aportar a una causa mayor.


 Hoy lo veo respetable antes, y respetable después, maravilloso…

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